miércoles, 19 de enero de 2011

22.



Notó como se le humedecían los párpados, lo veía todo todo cada vez más borroso. Intentó subir el volumen de la música y olvidar lo ha ocurrido, si es que de verdad ha ocurrido algo. Pero no, nada se lo puede sacar de la cabeza, y mientras pensaba en cómo podía haber sido tan idiota, le daba un sorbo a su café, cuyo sabor era amargo a pesar de haberle echado tres azucarillos, como todas las mañanas. La sonrisa que fingía se borró para mostrar el dolor que realmente sentía, a la vez que las lágrimas le recorrían las mejillas poco a poco para no dejar ningún rastro de la felicidad que, ocasionalmente, se le acercaba, no lo suficiente.

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