lunes, 24 de agosto de 2015

Qué Será

Qué halagador es que te llamen loco
donde la gente se desquicia por arrastrar la muerte

donde la historia la eligen
los que sobreviven más años en los libros
a los que los niños repugnen hasta la saciedad
de tanto repetir sus nombres

Pero no hay nada que me pese más
que el odio del futuro sobre mí

Así que, mi pésame lo quiero
transportando su común sonrisa
anulando lo evidente para
que la vulgaridad horrorice al conjunto

para encontrar la individualidad
que plaga la ciudad en silencio
atemorizada y escondida

en el papel de las sombras
de cada uno de nosotros

Y me encuentro en la inopia
a medio camino, medio lleno
entre la más absoluta fascinación
y la animadversión total

Lo que vendría a significar
todo lo que afirmo
cuando afirmo
"que no lo entiendo"


domingo, 22 de marzo de 2015

Desórdenes



corazón
sumiso
asentado
en la oscuridad

pendiente
al nacimiento
en la plenitud
más tenue

de la voluntad
de su propia
de lo que jamás
de lo material

del miedo
cárcel
alcanzará
y sobrehumano

domingo, 19 de octubre de 2014

Llorar hasta dormirse

Me falta un vaso de agua que poder volcar sobre mi medio vacío.
Pasan días a mi lado y me rozan, y me silban, y me dicen preciosa, y me suenan como caracolas al oído.
El vaho de la ventana me está pidiendo que le bese a gritos, pero estoy concentrada, mirando a sus lágrimas echar carreras, y mi paciencia me susurra una nana, y mi conciencia no para de pedirme perdón.
Yo le imploro silencio, y entre tanto ruido y tantas pocas nueces, la Tierra ha estado bailando tanto tiempo que he perdido la cuenta, y no me ha curado nada.

lunes, 28 de abril de 2014

Absurdo

Como el último taquillazo del año
O el olor a una persona en otra


Como la lluvia en verano
la mitificación del gran hermano
superhéroes sin malhechor

los desayunos en la cama
la policía en pijama
hablar del tiempo en el ascensor

la adoración a los muertos
el reinado de los tuertos
la vida a media pensión

el estrés post traumático
la alegría del geriátrico
el alambrado de alta tensión

jirafas con pantalones
lombrices con ocho corazones
el público desnudo ante el humorista

Walt Disney criogenizado
las deudas del Estado
la religión del artista

Ahogarse en el agua del florero
pedir fuego a un bombero
la Metamorfosis en la Biblia

Un misógino caballero
un anciano con babero
una foto de familia

El monstruo del Lago Ness
las películas en francés
un ataque de risa en el velatorio

la cola de la panadería
tragicomedias de cafetería
amenazar con el reformatorio

invasores a hurtadillas
miles de octavas maravillas
equipaje para isla desierta

pinchar globos
vivir con lobos
la puerta entreabierta

alienígenas
amor a primera vista
ruleta rusa

una bala asfixiándote la piel
y una sola tirita en toda la faz de la Tierra
para cortar la hemorragia

TÚ ganas

viernes, 21 de marzo de 2014

123.

No quiero ver más anuncios de perfumes y sexo, no quiero más columpios en el jardín, no quiero hablar en nombre de Jesús, no quiero paliar el color carmín.
No puedo tratar con locos, criminales, desgraciados, imbéciles, repartidores de papel higiénico, ginecólogos profesionales y traficantes de postín. No puedo bajar los humos ni (los párpados) las ansias. No hay suficientes vacunas ni venenos ni serrín.
No quiero conocer más piedras, ni más relaciones de piedra, ni más gallos sin corral.
Los escalofríos que descansan dentro de mí me han vuelto a hacer hablar.

Pero si es que para hablar de partituras, de gabinetes, de micrófonos abiertos y cien por cien poliéster, de divorcios express y derivados del inglés, de telemovies, de becas y trabajo, de lo que se queda en las Vegas, de tacones de cristal y fajos entre noventa y cinco bés ya tenemos suficientes aristócratas independientes. Y ninguno es capaz de reconocerse sin un kilómetro de espejos con las madrastras más bonitas y menos baratas del reino y sin su propia firma y sin alguien que les diga que sigan o deben porque está bien.
No entiendo nada de nada, excepto un par de por qués. Y lo peor es que sólo me gusta la gente que me hace dudar de yo en absoluto. Pero la respuesta es no. Si queréis ganarle a la suerte, decidid un no.

sábado, 15 de febrero de 2014

122. Bandera blanca.

A las trincheras, mis queridos perros.
La ciudad entera es pasto de las llamas, asomando pulgares entre escombros. El pelotón recoge sus maletas y se marcha a perder a otra parte.
Pateo latas de refrescos y corbatas calcinadas. No encuentro el camino a Roma después de tantos años equivocándome al tirar las miguitas de pan y disparando a las palomas que se las comían, y rehacer lo bailado a estas alturas no parece plausible. Muescas de balas y cristales rotos, paseo con los pies descalzos.
Continúo caminando e imaginándome los rascacielos en ruinas enterrados hasta alcanzar la suficiente altura como para que parezca un accidente. Justo aquí podría construirse el centro comercial.
El único semáforo en pie de la capital parpadea en ámbar. Los hombres berrean órdenes de abrir fuego de nuevo, de rematarse. Mi situación me recuerda a la de un anciano aguardando el brazo de cualquier muchacha de uniforme a la salida del instituto para poder tener una erección al cruzar la calle: quieto, sí, pero en espera de qué.
Todos quieren volver a casa. Yo quiero volver a casa aunque el felpudo de bienvenida se calcinara bajo mis pies. Los que agonizan por los suelos también preferirían abrazar a sus madres antes que morir como números de héroes.
Pero no lo hicimos bien, porque tuvimos el doble de armas que ellos pero no los suficientes extintores.