
El "peor día de tu vida" solamente son veinticuatro horas, y eres mucho más fuerte que eso. Mil cuatrocientos cuarenta minutos, y eres mucho más fuerte que eso. Ochenta y seis mil cuatrocientos segundos, y eres mucho más fuerte que eso. Puede que se te pase muy lento. Pero tranquilo, al final solo acabará como una anécdota, ya que las de las peores decisiones salen las mejores historias.
No sé cómo ni por qué, pero intuirás que no quieres despertar ni levantar de tu cama, que no te apetece vivir hoy. A partir de entonces, pase lo que pase, no te desesperes. Ten en cuenta unos pequeños consejos:
Regla número uno: piensa que cada segundo que pasa está más cerca de acabar el día. Tampoco cuentes los minutos que quedan. Busca alguna forma de no pensar en aquello que te tortura, y recuerda en los motivos que tienes por los que realmente merece la pena continuar.
Regla número dos: ¿tan seguro estás de que sea tan malo como para considerarlo así? Quizá sea una tontería. Puede ser un mal día por varios motivos, pero asegúrate de que no puedes arreglar aquello por lo que lo és.
Regla número tres: al final las cosas pueden acabar bien. No es una afirmación. Pero si de verdad lo crees, de verdad, te sentirás mejor.
Y recuerda, tan solo veinticuatro horas.
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