
Se plantó frente a ella y le dijo:
- Oye, sonríe un poco.
Entonces ella ocultó su tristeza por un momento, detrás de una forzada sonrisa.
- Pero sonríe de verdad - le dijo, como respuesta a aquella fingida muestra de felicidad.
- Dime algún motivo por el que debo hacerlo. - contestó secamente, esperando que dejara de insistir.
- Hazlo porque me tienes aquí, a tu lado, para lo que quieras, para hacer de cualquier manera posible que te sientas bien por un pequeño instante al menos. Hazlo porque, aunque no las encuentres, tienes millones de razones por las que hacerlo. Hazlo por mí, porque te quiero.
Y entonces, solo entonces, consiguió hacerla sonreir de verdad, durante una milésima de segundo.
- Gracias por ser de verdad - musitó, acompañando las palabras por un abrazo.
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