Una habitación vacía. Hay gente bailando fuera, poseídos, con los ojos en blanco y la mente llena de supersticiones sobre gatos negros. La habitación tiene las paredes azules, azul intenso, muy intenso. Sigo girando y las paredes se van estrechando. Comienzan a ahogarme, pero yo sigo girando. Se van destiñiendo y manchando mi reflejo, pero yo sigo girando. Casi no puedo respirar, pero no paro de dar vueltas.
Estoy al borde de la asfixia, estoy convencida de que no necesito ayuda, la música me ha atrapado y el suelo se está inundando. Necesito una pausa, ¿qué coño ha pasado? ¿por qué falta tanta gente aquí? Me rindo. Por fin. Me dejo caer y no se ven las nubes. Cierro los ojos, recupero el pulso. Habrá que ir acostumbrandose.
Semana treinta y cuatro.

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