viernes, 17 de mayo de 2013

99.

Soy la sinceridad doliente. Soy la demagogia de sofá. Soy el alféizar de tu ventana, que frena cualquier chaparrón. Soy el transporte público, barato y maloliente, y la señora que se sienta a tu lado y te mira de reojo mientras farfulla sobre la juventud de hoy en día. Soy un saco de patatas. Soy un hamster que corre en su rueda sin poder llegar a ninguna parte, sin querer llegar a ninguna parte. Soy un gorrión rojo, valiente suicida, que camina dando saltos y se sacude la lluvia del lomo. Soy el silencio absoluto. Soy éxtasis, la cumbre del éxito, otro bajón. Un paraguas roto, un ladrillo en la pared. Soy tabaco negro. Soy futuro. Soy un perro en celo. Un interlocutor de radio, unas zapatillas de estar por casa, una partida de ajedrez. Soy un chicle de menta, una caída libre, un salto al vacío. Soy moral aparcada. Una pastilla de jabón. Soy un insulto rimbombante, agua marina, vodka con limón. Soy una hucha de cerdito, un cheque al portador. Soy células. Soy mi madre. Soy mi padre. Soy biodegradable, soy sátira y religión. Soy la siesta de después de comer. Soy pronador. Soy diestra, soy una escalera de caracol. Soy unos fideos precocinados y la humedad de tu ascensor. Soy un pájaro, un avión, soy un títere, una puta, un colador, soy aguacero, una mesilla de noche, un viaje en tren, una camisa, una bala, una estación. La humedad de tu ascensor.
Una nube con forma de cielo despejado.
Una contradicción.
Una adicción.


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