sábado, 23 de noviembre de 2013

116. La fe salva conciencias.

Todo lo que nos llevan contando desde que hemos nacido es una broma. La sala de espera del paritorio es el único lugar del planeta con el oxígeno suficiente.
Cientos de charlas y cientos de libros sobre qué es amar, cómo amar, por qué amar. Reitero y cito textualmente: si no te amas nadie lo hará. Pero nadie se ama.
No puedo hablar porque jamás me enseñaron cómo. Bien, puede que se trate de sentir lo mismo por mí que por ti: el hambre y las ganas de comer. Hacer el amor o matarlo. Posicionarse a un extremo o al otro, sin matices. Pero bueno, me como las ganas de llorar para poder seguir escuchándome gemir, que no estoy sola. Ése es el problema.
Como decía. Creo en las sensaciones como cuestión de tiempo. De un día para otro o de milésima para otra, te reseteas y vuelves a empezar, porque para eso estás. Dejad de asegurar que existe algo que en segundos se convierte en papel mojado sin un puto diluvio universal carente de arcas suficientes "separen los animales en parejas", a quién se le ocurriría.
Te he comparado con cine francés, con los créditos iniciales, con fundidos a negro. El casi, la letra pequeña, el firme aquí. Efectos secundarios y descosidos del pantalón. Tu boca era el botón del pantalón. Mi boca estaba donde la tuya.
Y de golpe y porrazo. Todas estas palabras serán propiedad de otra persona que no se parezca en lo más mínimo. Qué coño valen.
Por eso vamos arrancando raíces. Porque siempre pensamos que podríamos estar mejor.
Y no podríamos estar mejor.


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