martes, 7 de febrero de 2012

65.



Odio los lunes, la rutina, la soledad, las bebidas con gas, el frío, la política, el simple hecho de echar de menos. Los madrugones, los días grises, el sabor del agua del mar, la oscuridad, el color naranja, la hipocresía, la jaqueca de domingo. Odio que me contradigan y que tengan razón. Odio perder, odio perderle, odio perderlos, odio perderlas. Odio el olor a material escolar, el optimismo y el pesimismo, los martes y trece, los San Valentines, la radio a las siete de la mañana, los programas del corazón, las rubias de bote, la gente que trata de ser. No odio a los valientes, envidio a los valientes. A los que escriben y tachan, como si pudieran ofender a alguien con su único derecho vigente: el papel. Odio los portaminas, las neveras sin imanes, las tostadas quemadas, el perfume a recuerdos. Odio los "que tengas un buen día" y los "¿qué tal te ha ido el exámen?". Las palabras innecesarias. El rosa con el rojo. Los bocadillos de Nocilla. Que no haya lugar alguno para que escuchen lo que todos los supuestos "jóvenes incomprendidos" barra "la juventud de hoy en día está perdida" tienen que decir al mundo. Los prejuicios, las despedidas, especialmente si son para siempre. Las personas que ultilizan la palabra "siempre" inadecuadamente, sin pensar que siempre es demasiado tiempo...
Los perdones no correspondidos.
Los veinticincos de junio.
Los textos inacabados.

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