miércoles, 18 de julio de 2012

81.

Dirección: ninguna parte. Me toca escribir poesía sin tinta, tengo suerte, rimas con todo. Las pulsaciones aumentando, el corazón en un puño, seis manos, tres idiotas, cuatro problemas, ninguna solución. Se agarran sin miedo, porque ningún desconocido confiaba tanto en ellos mismos. Cada vida presente es una mierda a su manera, pero todas juntas les hacen recordar que, después de todo, no se está tan mal. Son esclavos de sus decisiones. Son esclavos de sus versos. Son, inevitablemente, esclavos de las opiniones ajenas. De hacer el mal inconscientemente. Y yo que sé, no me paro a pensar porque la cabeza estallaría en mil preguntas sin respuesta, otras mil respuestas sin pregunta y unas cuantas contestaciones a aquellos lúcidos que pregunten por el título de la película que ponen en la tele en ese momento. No sé como hemos llegado a este punto, pero a estas alturas, no sé con seguridad cómo actuar. Necesito un abrazo. O dos.

Malditos autobuseros.

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