"Hola, mamá."
Sabía que estaba ahí con ella, les separan un par de puertas, pero nadie podía imaginar lo lejanas que parecían con cada vacío.
Ojalá supiera que a ella tampoco le gustaba esconderse cada vez que necesitaba desahogarse ni cada vez que no tenía ganas de escribir con metáforas ininteligibles.
Pero no entendía por qué mamá era incapaz de comprender que no quería más preguntas, quería respuestas, quería soluciones.
Quería dejar de esperar algo que no iba a llegar. De arrepentirse por cosas que no llegó a hacer. De necesitar siempre algo más de lo que podía tener.
No soportaba que le llamaran loca como algo muy negativo, que le dijeran "a esta chica la vamos a tener que llevar a un psicólogo". Cada vez que discutían, eran un recurso infalible, como un puñal lleno de veneno. Pero sin el como.
Odiaba que encendiera la luz todas las mañanas y la despertara de golpe, que el sol de la madrugada le atravesara las pupilas mojadas.
Odiaba que pensara que sabía quién era, si cada vez que le preguntaba qué tal estaba siendo educada.
Ella odiaba que se pusiera de parte de su hermana pequeña aunque tuviera la razón. Odiaba que se lo restregaran cuando no la tenía.
Odiaba sus prisas por llegar tarde y la calma con la que se tomaba todo lo que no tenía que ver con ella.
Odiaba sus sin motivos y sus puyas hacia su cuerpo, odiaba que después de hacer cualquier tontería para bajar de peso le negara haberse metido con ella.
Odiaba que fuera ella la que paraba a papá.
Odiaba conjugar en tercera persona.
"Ai, mamá, ojalá pudiera volver a llorar por amor. Y de verdad que te quiero, pero despierta conmigo."

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