Otoño.
Un suspiro. Un acordeón desafinado y un triángulo, una enciclopedia en blanco, una novela de aventuras, un pijama a cuadros, una revista de corazón absurda, una peli de domingo.
Un frío abrasador que hierve el cerebro.
Un cúmulo de sensaciones, de supersticiones ufanas, de magia negra. Insomnio inmoral, un funambulista sonámbulo en un tejado se dirije hacia la estrella de plástico. Una tormenta, un incendio forestal únicamente comparable a un estropajo viejo. Absorbiendo y callando.
Amanece en blanco y negro.
"No te vayas, pequeña estrella, no me dejes brillar aún más sola."
¿Pero es que nadie se da cuenta de que este Noviembre solo dura lo que nosotros queramos?
Que esta tragedia temporal sea un suicidio permanente.
Qué sorpresa que ética no es sinónimo de orgullo.
Que mejor me forro el corazón con espuma del colchón.
Que alguien pare ese condenado acordeón.
¿Que qué opino yo? Opino que mientras el reloj siga girando al compás de la Tierra, seguirá siendo otoño.

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