Ven.
Bueno, mejor no vengas.
Mira, déjalo, ya no te necesito.
¿Sigues ahí?
Pues vete.
Oye, que llegas tarde.
¿A dónde vas?
Anda, es igual, ya voy yo.
Pero no te vayas, espera, te necesito.
¿Por qué huyes?
No, por favor, déjame irme contigo.
No quiero que me dejes en paz.
No te volveré a hacer daño, nunca.
¿Qué?
¿Tarde?
Jamás es tarde, tan solo demasiado pronto.
Y, ¿qué vale un demasiado pronto?
Está bien.
Solo es un final en este comienzo.
No te alejes más, quédate ahí.
Espérame.
Te juro que volveré.
Pronto.
Pero no demasiado.

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