Números. Siempre los asocio a los relojes.
Por algún motivo nos encanta medir el tiempo, vivimos para contar los segundos que quedan para que suene la sirena y los lunes para otro fin de semana, y cuando oímos lo de "la vida son dos días" ya estamos a domingo, con una resaca del quince y cuarenta de fiebre.
Y cuántas cuestas de enero, o cuántos veranos, y pasado mañanas y anteayeres habremos contado hacia atrás engañados "mañana será diferente". No hay dos caminos, no hay buenos ni malos, ni cielo ni infierno que valga, solo un sentido -y no me refiero al común, vaya coñazo-.
Y cuando sufrimos de insomnio -lo de sufrir es un decir- por alguna razón sin relación alguna, el tic tac calcula cuántas horas nos quedan para poder dormir. Y vuelta a empezar.
Lo peor de todo esto, es que el momento que tanto estábamos esperando no nos estaba esperando.
Libre interpretación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario