Y búm. Se rompió.
Como quien sobrevive a un intento de suicidio.
Cualquiera que pasaba cerca de ella podría haberlo notado.
Y no estaba loca ni quería salir en fotografías a color. Estaba allí, donde todo el mundo quería no estar.
Estaba viva. Con los ojos hinchados y la boca bien cerrada, pero viva.
Explotó de una manera tan sutil que podría haberse pegado un tiro en la sien y lo único que habrían sabido de ella es que siempre saludaba.
Y una vez que lo hizo, ya no le quedaba nada por hacer.
Por hoy. Pero quién sabe.
Si quería caer más bajo todavía solo tenía que continuar cavando su propia tumba.
Y se hizo un silencio tan, tan profundo, que nadie pudo oírlo. Jamás serían cenizas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario