domingo, 25 de agosto de 2013

110. Todos somos un poco poesía.

Quien se enamora de una sonrisa no ha aprendido del autoengaño. No podemos sincerarnos, nos convencemos de que el amor mueve montañas pero sabemos que la culpa es de Mahoma. Vemos el telediario y no sabemos por dónde empezar a salvar vidas y borramos nuestra propia memoria reciente con la facilidad de la que podemos disponer para carecer de ninguna clase de sensibilidad o dolor.
Escuchamos a niños y borrachos que juramos que siempre dicen la verdad y los tratamos como a locos, cuando no hay nada más humano que tropezarse al caminar con diferentes piedras.
Tan solo nos pedimos un par de cubiertos y un par de calcetines limpios todas las mañanas, y nos hundimos en un hombro en el que llorar de cualquier tipo trajeado que nos ofrece dinero a cambio de mutilarnos. Y aceptamos. Lo aceptamos y convivimos con ello.
Muchos forasteros y mucho orden. Podríais prohibir todo aquello que pueda matar pero no podéis evitar morir. Y llegará el momento en que la gente será absorbida por secadores de baños públicos y se convertirán en todo lo corrientes que han evitado ser durante toda su adolescencia para que la luz pueda viajar a costa de ellos. Pero esto no es más que una teoría y yo no soy más que una pieza de dominó.


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